jueves, octubre 18, 2007

LA MUERTE DE CISSY


El señor don Raymond Chandler es considerado uno de los grandes escritores de novelas policiales de todos los tiempos. Hizo famoso a Phillipe Marlowe, el detective privado de rostro duro y personalidad tormentosa, que protagonizó la mayoría de sus libros. Como Marlowe, a Raymond Chandler le gustaba el destilado por las mañanas o cuando sentía que la tormenta no se iba sobre su cabeza. Escribió conociendo su talento y aprovechándose de sus miserias personales y sublimándolas en sus novelas. Para lograr cierto equilibrio, el señor Chandler amó y de manera profunda a una mujer que le mintió. Ella le dijo que tenía cierta cantidad de años y no era así, tenía muchos más días de vida de lo que informó. Pero al final de cuentas, qué importaba si Chandler estaba enamorado y la quería y la deseaba y la necesitaba.
La salud de Cissy, su esposa, fue siempre frágil, Chandler buscaba el mejor clima para que el cuerpo de su esposa mejorara un poco. Pero ya en la vejez, su mujer, mucho mayor, colapsó. Chandler siguió luchando y escribiendo. Marlowe seguía siendo duro, lleno de dudas, y bebiendo un sorbo de destilado cuando dejaba ir a una mujer que podría amar pero que también haría infeliz. Cuando Cissy murió, Chandler escribió esta carta a la hermana de su mujer. Nunca había demostrado tanta emoción y amor en un texto. Y bien podría ser un cuento o un relato. Esta carta se encuentra en el libro "El simple arte de escribir", de raymond Chandler, de editorial Emecé, que no es más que un libro epistolar del escritor durante toda su vida. Este es el relato de la muerte de su esposa:


LA MUERTE DE CISSY


(por Raymond Chandler)


Tenía que encargarme yo de todos los remedios, de otro modo ella habría tomado dos veces o tres veces el mismo sin darse cuenta de que ya lo había tomado. La cortisona no hacía efecto, así que al final de la primera semana de noviembre el médico se la sacó y empezó a darle ACTH, que después de las primeras inyecciones pude aplicárselo yo mismo, hipodérmicamente, como ya le había dado durante varios años inyecciones de distintas vitaminas. Tampoco hizo mucho efecto. Estaba cada vez más débil, y más deprimida, y no era una persona fácil de deprimir. El 30 de noviembre apareció la neumonía, y hubo que llevarla al hospital en ambulancia… El médico quería probar una droga llamada ruwualfia, o raíz de serpiente africana, que al parecer tiene la propiedad de inducir un estado de euforia sin efectos colaterales, y puede tomarse indefinidamente. Me dijo que en ese momento ella tendría que pasar el resto de su vida en una clínica, que esperaba que la ruwualfia la pusiera de humor complaciente como para aceptarlo. A la mañana siguiente Cissy me llamó temprano y me pidió que la llevara a casa. Para entonces estaba muy enferma y muy débil, había que ayudarla a ir al baño, y alguien tenía que quedarse en el baño con ella. Estaba muy angustiada, jadeaba todo el tiempo, tosía con violencia, y decía que sentía grandes dolores. El 7 de diciembre comprendí que se estaba muriendo. En mitad de la noche se apareció de pronto en mi cuarto, en pijama, con el aspecto de fantasma. La llevamos de vuelta a la cama y ella intentó levantarse otra vez, pero la enfermera estaba vigilando. A las tres de la madrugada del 8 de diciembre tenía la temperatura tan baja que la enfermera se asustó y llamó al médico, y otra vez vino la ambulancia y la llevó al hospital. No podía dormir y yo sabía que necesitaba una gran cantidad de somníferos así que le daba sus píldoras y ellas las ataba en su pañuelo para poder tragarlas subrepticiamente cuando la enfermera no estaba en el cuarto. Estaba en carpa de oxígeno, pero la levantaba todo el tiempo para poder tomarse la mano. Tenía la mente muy confusa sobre algunas cosas, pero casi demasiado clara sobre otras. En una ocasión me preguntó dónde vivíamos, en qué ciudad vivíamos, y después me pidió que le describiera la casa. No parecía saber cómo era. Después volvió la cabeza y cuando salí de su campo visual pareció olvidarse se mi existencia. Cada vez que iba a verla sacaba el pañuelo por debajo del borde de la capa de oxígeno para que le diera sus píldoras somníferas. Empecé a preocuparme por esto y se lo confesé a al médico, que me dijo que le estaban dando drogas mucho más fuertes que los somníferos. El 11 cuando fui a verla no tenía más píldoras y ella sacó la mano por debajo del borde de la carpa de oxígeno con el pañuelo, y al ver que yo no tenía nada para darle volvió la cabeza a un lado y dijo: “¿Así es como lo querías?”. Al mediodía el médico me llamó y me dijo que era mejor que fuera y hablara con ella porque podría ser la última oportunidad de hacerlo. Cuando llegué, estaban tratando de encontrar una vena en el pie para inyectarle demerol. Logró dormirla, pero estaba bien despierta otra vez en la noche. Es decir, parecía estar bien despierta, pero no estoy seguro de que me reconociera. Volvió a dormirse mientras yo estaba allí. Poco después del mediodía del 12 de diciembre, que era domingo, me llamó la enfermera y me dijo que estaba muy desmejorada, que es lo más drástico que puede llegar a decir una enfermera. El hijo de Vinnie estaba en casa con Vinnie y él me llevó al hospital a ochenta kilómetros por hora, quebrando todas las leyes de tránsito, cosa que le dije que hiciera porque los policías de La Jolla eran amigos míos. Cuando llegué le habían sacado la carpa de oxígeno y estaba con los ojos entreabiertos. Creo que ya estaba muerta. Otro médico le había puesto el estetoscopio sobre el corazón y escuchaba. Al cabo de un momento retrocedió y asintió. Le cerré los ojos y la besé y me fui.
Por supuesto, en cierto sentido ya me había despedido de ella mucho tiempo atrás. De hecho, muchas veces durante los dos últimos años en medio de la noche había comprendido que era sólo cuestión de tiempo. Pero no es lo mismo que suceda. Decirle adiós al ser amando en la mente no es lo mismo que cerrarle los ojos y saber que nunca volverá a abrirlos. Pero me alegró que muriera. Pensar en esta ave orgullosa y temeraria encerrada en un cuarto de un maldito sanatorio por el resto de sus días era una idea tan insoportable que apenas si podía pensarla. No me quebré hasta después del funeral, en parte porque estaba en estado de shock y en parte porque tenía que consolar a su hermana. Estoy durmiendo en el cuarto de Cissy. Creí que no podría hacerlo, pero después pensé que si el cuarto se quedara vacío sería peor, y cada vez que pasara frente a la puerta tendría un escalofrío, y lo único que podía hacer era mudarme allí y llenarlo con mis cosas y darle el aspecto del caos en el que estoy habituado a vivir. Fue la decisión correcta. Me rodea su ropa, pero está en armarios o escondida en cajones… Durante treinta años, diez meses y dos días, fue la luz de mi vida, mi única ambición. Todo lo demás que hice fue alimentar el fuego en el que ella pudiera calentarse las manos. Es todo lo que puedo decir.

5 de enero de 1955.




3 comentarios:

Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...

los felicito. son realmente visionarios. además, no me cabe duda que son dos hombres atractivos y cotizados en el mercado femenino. y con sólidos principios.
los admiro mucho!
firma: uno de los señores.

Anton.- dijo...

creo que sí deben ser dos señores atractivos... dicen por ahí que uno es casado, y el otro debe ser soltero... Y por lo que escriben, si son visionarios. Espero que dejen mujeres desocupadas, porque sería una lástima para los varones que no somos atractivos y visionarios, que este parcito tenga arrastre con las minas.